domingo, 15 de agosto de 2010

La Catira Regional

La Catira Regional gobierna el estado Mérida.

No es que queramos apuntar que ella se vende más que su competidor gordo y peludo, no, sino que al igual que la rubia modelo imagen de la cerveza, el gobernador del estado Mérida resulta inalcanzable para todos nosotros los seres mundanos, habitantes de la cordillera.

Como la diva platinada, el gobernador del estado Mérida es asediado todos los días por un cortejo de adulantes, que obviamente viven de sus favores y lo mantienen alejado del entorno al que debe servir.

Al igual que la mujer del pelo amarillo y el rostro secreto, el gobernador del estado Mérida descubre su incognito sin querer por el séquito que lo acompaña al acudir a un restaurante o a cualquier lugar público que él desee visitar.

Como la catira, el gobernante merideño es una Leyenda... etéreo, sin cuerpo y sobre todo sin rostro -hasta ahora y con el pasar del tiempo-, nadie sabe a ciencia cierta quién es ese señor al que, gracias al empujón salvador que recibió de Chávez en la campaña electoral, es ahora -al menos nominalmente- quien manda en las estribaciones más empinadas del ande venezolano.

De la catira original van como dos o tres modelos que han hecho de su figura sin rostro la imagen de la conocida marca de cervezas. Realizan su trabajo impecablemente, incitan al consumo, logran vender el producto y desaparecen con sus reales bien merecidos y mejor ganados para perderse desconocidas hacia otras piezas publicitarias. Una chica de rostro ignoto que es reconocida envidiada o admirada por todas y todos.

Pero al contrario que con la chica de la bebida espumosa, aunque la identidad del gobernador del estado Mérida es pública, desde hace mucho tiempo nadie logra verlo en persona, nadie accede a conversar con él para plantearle algún problema, nadie ha podido estrechar su mano, en fin se le conoce sólo por las vallas publicitarias. Y aunque sólo ha sido uno, mucho dinero ha pasado por sus manos. Pareciera entonces que tal vez por motivos de seguridad, el gobernador ha decidido hacerse estrictamente reservado y abandona así el favor del pueblo. Seguramente pensando en la suerte corrida por la primera de las catiras regionales que fue asesinada... nuestro gobernador “chavista” se envuelve de un toque de misterio.

Él resulta ser un punto de inflexión en los anales de la publicidad política. Todos queremos saber quién es… no, perdón: todos queremos verle la cara… pero él permanece oculto, lejano.

No, no es un transform. Al igual que con la historia que contaban acerca de la catira, su ausencia se presta para el surgimiento de múltiples versiones. Todas ellas seguro son falacias… pero como rezaba una de los slogans que acompañan en los carteles a la chica cervecera, al gobernador del estado Mérida le calza la frase: “Tienes el mundo por delante ¿vas a arrugar?

El que pudiera haber sido la Barbie de los gobernadores del Proceso, pues aunque militar asimilado, tenía más cara de prócer civil que de conmilitón, de compañero de cuartel beneficiado por los favores presidenciales, ha resultado ser un veleidoso Kent sin otra aspiración que el pasear su figura más cercana a la de Pedroso que a la de la misteriosa catira, acompañado hasta por la menos agraciada de las candidatas a reina de las ferias patronales del olvidado caserío El Chivo a la vera de la inclemente carretera Panamericana.

Pudo la catira haber sido considerada como pieza central de la publicidad sexista, pero en el caso de este hombretón corpulento no llegará a ser la imagen del sistema capitalista.

Recuerdo haber visto al comienzo de la campaña publicitaria de la cerveza maracucha, una inmensa valla asida al costado de uno de los edificios aledaños a Plaza Venezuela, mostraba un cuerpazo recostado a una lata pero no enseñaba el rostro. Al contrario que con aquél recuerdo, la cara de este individuo aparece sonriente cachetón y rubicundo multiplicado por miles a la vera del camino, en cualquier muro de la ciudad, colgando a media asta en cada poste de alumbrado público, como parte del mobiliario de cualquier oficina pública… en las franelas rojas que deambulan solitarias y tristes con la mano extendida por las frías calles merideñas. Reproducen un perfil que de otra manera permanecería en el olvido voluntario.

Nuestro impecable gobernador cumple una función ideológica dentro del sistema cultural patriarcal, el padre lejano que se sienta a la mesa y distribuye el alimento entre sus hijos que, entonces tienen la responsabilidad de idolatrarlo.

Con su comportamiento alejado del pueblo, este gobernador se dedica a desnaturalizar la imagen de la figura central del proceso revolucionario venezolano. Con cada una de sus inacciones desmitifica la idea, casi que fundacional que repite que “Con Chávez manda el Pueblo”. En el estado Mérida manda la oligarquía serrana.

Médico de profesión, antes de montarse en el autobús revolucionario era muy bueno en el arte de cargarles el bulto a los dirigentes universitarios del Copeyanato emeritense. Ahora que es gobernador, no se da por enterado de las carencias que padecen los hospitales y centros de salud de un estado que es referencia para la gente humilde que viene esperanzada a atender sus dolencias.

Si bien es cierto que los centros hospitalarios están mucho mejor dotados que en los tiempos de la cuarta república, no es menos cierto que el máximo centro asistencial de nuestro estado, el IAHULA carece de Resonancia Magnética desde hace tres años y de Tomografía desde hace casi uno completo. Que eventualmente no se cuenta ni siquiera con toallines para secarle la barriga a los pacientes que van a hacerse una ecografía. Que existen personas que permanecen más de nueve meses recluidos antes de ser operados.

Dirigidas al target popular, como los hechos lo han demostrado, la actividad política de este gobernante refleja los cambios en su condición que muchas veces asimilan algunos personeros para hacerlos vendibles a los ojos del presidente. En privado sólo se reúne con personas pudientes, en público, bueno ante las cámaras de un Aló Presidente declara: “¡Con Chávez todo… sin Chávez nada!”

Luego con su indolencia, banaliza el Proceso como una forma subterfugia de restarle poder a los hechos favorables al pueblo, haciéndolos precisamente cuestionables.

Mientras se producen inmensos cambios sociales motorizados por las personas afines al Proceso Revolucionario que les está dando autonomía y responsabilidades más allá del cargo público que pudieran ejercer, que les asegura un surtido alimenticio seguro, que les garantiza asistencia pública para ellos y sus niños, que ofrece educación para el que desee formarse, la actitud de este señor parece velar por la conservación de un status privilegiado para sus protectores, familiares y allegados.

Como sucedió con las feministas juzgadas en atención a sus atributos, este gobernador chica regional terminará sus días rechazado por unos por haber sido un “feo” chavista y por otros por sólo haber sido “una cara bonita” demostrado inconsecuencia con el Proceso de cambio.

Lo mismo que con la catira regional la fragmentación del individuo para mostrar sólo las partes más deseables como las nalgas o el busto, en detrimento de otras como el rostro o los pies se concreta en el cuerpo del gobernador del estado Mérida, reducido algunas veces al producto que se expresa en la invasión progresiva del espacio público por grandes vallas publicitarias con una cara sonriente de más de cinco metros de alto que no dice nada porque no tiene nada que mostrar.

Ahí radica la esclavitud cosmética que sostiene nuestro gobernador con los grupos de poder económico regional que lo apoyan y que son beneficiados con los jugosos contratos del estado.

Pero al final, al igual que con la catira regional, al gobernador del estado Mérida jamás se le ve la cara.

domingo, 18 de julio de 2010

¿Ignorancia, ingenuidad, temor o simples ganas de joder?

I

“La política es el arte de lo posible”, así la definió Gottfried Leibniz bien entrado el siglo XVII, condensando en pocas palabras las intenciones de quienes desde épocas remotas se adjudicaban para sí la conducción de los hombres y de las naciones hacia la tierra prometida. La política es sin dudas un juego de guerra, en donde la estrategia asegura el éxito, donde la adecuada planificación y la apropiada puesta en práctica de cada una de las jugadas garantizan el dominio del adversario, la conquista de posiciones, la victoria sobre el enemigo. Y aunque a principios del siglo XX, Charles Maurras sentenciara mejorando a Leibniz que “La política es el arte de hacer posible lo necesario”, sigue privando mucho de interés, de mezquindad, en el pensamiento de una gran parte de los individuos que se dedican a la política a secas y también a la política universitaria.

II

Desde que en el mes de marzo de 2009 y con el objeto de eliminar –disminuir, o al menos tratar de controlar- el gasto suntuario en el sector público nacional, entró en vigencia el Decreto Presidencial 6649, las autoridades universitarias se dieron a la tarea de restringir la ejecución del presupuesto otorgado por el Gobierno Venezolano.


Así pues, la entrega de los recursos necesarios para el desarrollo normal de la actividad universitaria fue obstaculizada por el propio engranaje corporativo.

So pretexto de cumplir con la normativa gubernamental, los conductores del destino de las universidades han limitado sistemáticamente y por todas la vías, el funcionamiento de algunas por no decir casi todas, las dependencias universitarias. Cuánta razón tuvo Groucho Marx cuando lapidariamente dijo que: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

III

Yo no creo en ingenuidades a esos niveles y pienso que a mansalva, con el ánimo de indisponer aún más en contra del Gobierno a los integrantes del Sector Universitario –reaccionarios en su mayoría, elitescos por naturaleza, genéticamente excluyentes y molestos ya por el estancamiento de sus sueldos y por el congelamiento de los presupuestos universitarios-, el cártel de los Rectores -o casi la totalidad de sus integrantes-, restringieron la adquisición de insumos, limitaron la reposición de materiales y equipos, abreviaron el otorgamiento de financiamiento para la realización de investigaciones, cursos de actualización etc., culpando de ello al Gobierno central con el fin oculto de soliviantar al profesorado para que estos desde sus tribunas transmitieran desesperanza a sus estudiantes.


IV

Aunque tradicionalmente opuestos a cualquier medida que proviniera del Gobierno Revolucionario, en esta oportunidad las Autoridades Universitarias disciplinadamente cumplieron con el encargo aunque este no fuera para ellos, sin discriminar a quiénes se afectarían con esta manera tajante de acatar las órdenes presidenciales.

De esta manera se nos vendió la idea de que luego de emitido el decreto 6649, la institución universitaria debía ajustarse a los designios del Ejecutivo Nacional, quien por esa vía ejercería un control draconiano sobre las actividades de profesores e investigadores de las máximas casas de estudios del país impidiendo su formación, entrabando la investigación y obstaculizando la posible asistencia de estos a congresos o eventos internacionales.

Muchos fueron los que recordaron con amargura a las progenitoras primero de Ramón Carrizales y luego de Elías Jaua, pues según el Instructivo para el cumplimiento de las Normas de Austeridad, debían ser ellos quienes juzgaran la pertinencia o no de las solicitudes de los universitarios.

Yo mismo saqué alguna que otra madre al sol cuando vi truncada la posibilidad de viajar a algún congreso debido a esta restricción. El CDCHTA -o Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico, Tecnológico y de las Artes-, debió ajustarse a la normativa legal, por lo que sólo se limitó a recibir las solicitudes de los investigadores para luego enviárselas al Rector y este a su vez las remitía a la Vicepresidencia de la República Bolivariana, en donde Jaua decidiría casi que venalmente si se aprobaban o no las compras o los financiamientos. Al menos eso fue lo que a lo largo de este tiempo nos vendieron como excusa para restringir la adquisición hasta de tizas, cartuchos de tinta o los cachitos y el café para el refrigerio de la mañana de los consejeros universitarios.

“El CDCHTA aprueba las solicitudes, en cada una de sus comisiones, éstas son remitidas al Rector de la Universidad de Los Andes, quien envía las aprobaciones al Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria y, éste a su vez, lo tramita en la Vicepresidencia de la República, órgano que en última instancia decide si los profesores de la Universidad de Los Andes pueden asistir a un congreso en el exterior o no”, dijo alguien a la prensa en cierta ocasión justificando el retraso o la negativa para el otorgamiento de buena pro a las solicitudes realizadas.


V

Se nos dijo que en el Decreto 6649, se establece que las misiones oficiales al exterior están prohibidas, y que con esa restricción la participación en una Jornada o Congreso estaba vetada, es decir de un momento a otro los universitarios, según el razonamiento de nuestras propias autoridades, pasábamos a ser miembros del cuerpo diplomático o algo así y no podríamos obtener el financiamiento para asistir a seminarios en el exterior.


Del mismo modo, las invitaciones a académicos de otros países para que participaran en actividades nacionales estarían restringidas.

VI

Nadie -léase bien-, nadie, ni los miembros del Equipo Rectoral, ni los integrantes del Consejo Universitario en donde al menos un abogado debe haber (el Decano de la Facultad de Derecho), ni los honorables leguleyos del Consejo Jurídico Asesor, supieron leer que el famoso decreto 6649, regulaba exclusivamente el gasto público y que como el artículo 14 de la Ley de Universidades vigente reza que “Los bienes y rentas de las Universidades Nacionales no estarán sometidos al régimen de los bienes nacionales que establece la Ley Orgánica de la Hacienda Pública Nacional. Sus ingresos y egresos no se considerarán como rentas o gastos públicos, ni estarán sometidos al régimen del Presupuesto Nacional…”, nos escapábamos entonces de la restricción. Y por allí se deja ir el espíritu de la ley declinando en manos de funcionarios designados por el Consejo Nacional de Universidades y de la Contraloría General de la República la aplicación de los correctivos necesarios para hacer desaparecer este desbarajuste que llamamos Administración Universitaria.


O sea, la eliminación del gasto superfluo en el sector público nacional no nos alcanzó jamás “de una manera inexorable”. La irritabilidad de los Universitarios fue en vano.

¡La lucha contra la vieja cultura del derroche -que ha impregnado a nuestros nuevos gobernantes-, no ha tocado a nuestra puerta. Podemos continuar con el gasto irresponsable! Ya no hay prohibición para la habitual compra decembrina de automóviles lujosos para que Rectores y Autoridades Universitarias recorran las calles de las principales ciudades del país dentro de unas relucientes naves detrás de gruesos vidrios ahumados. Podemos continuar con las modificaciones anuales del decorado y mobiliario de las oficinas de las Autoridades Universitarias porque eso no atenta contra la moral revolucionaria. El largo brazo de la ley no llega tan abajo.

Eso de que se acabarían de una vez por todas los megasueldos y los megabonos o megaviáticos no es con nosotros los universitarios.

La restricción que pesa sobre los celulares o teléfonos con línea abierta para llamadas a larga distancia nacional e internacional no nos afecta para nada. Y obviamente la prohibición sobre la adquisición de equipos y plataformas tecnológicas queda relegada al olvido selectivo.

El cáncer que merma las finanzas públicas, el de la constante autopromoción que con los dineros del presupuesto universitario o del Estado ejecutan algunas personalidades del quehacer público puede continuar su trabajo destructivo e infatigable.

Para celebrar la no restricción de los gastos dispendiosos de los Universitarios, me imagino que habrá un agasajo rimbombante cargado de vino, champagne, gloriosos canapés y de los más impresionantes arreglos florales.

VII

“Allí en donde hay necesidad hay un derecho” dijo en alguna oportunidad Evita Perón.

jueves, 24 de junio de 2010

Viento Solar


Al salir paulatinamente de la penumbra, una vez superada la línea Karman, en el negro absoluto de un espacio vacío, el tenue residuo calórico heredado del Big Bang, cede lánguidamente a las caricias hirvientes del viento solar.

Quedan atrás los ruidos más estridentes del pulso de la tierra, el espectáculo de colores de las auroras boreales, los recuerdos más íntimos que atesoramos en la memoria y todo se vuelve inestable relatividad.

El sol resplandece, su hiriente lamida ionizada infla las velas de la imaginación, hace surgir una larga cola al cuerpo evaporado que parte hacia el caos molécula a molécula, partícula a partícula hasta quedar yermo, en el alma pelada.

La expansión indetenible del espíritu calca al pié de la letra las alocadas facciones de la Gran Explosión y en el silencio absoluto, observando la curva del horizonte universal enrostramos nuestra insignificancia en un nuevo plano astral.

Ira Dimensión

Acostumbrados a vivir en un mundo de tres dimensiones que podemos ver y en el cual nos desenvolvemos, nos resulta perturbador el hecho -plausible por demás- de que existan más dimensiones espaciales, tal vez no visibles pero ya explicables. Esta situación nos desorienta por la incapacidad biológica que tenemos para percibir esta polidimensionalidad adicional, nos incomoda la extensión inusitada de nuestro entorno, nos inquieta la aparición de otras anchuras. Y la ampliación de nuestros espacios puede cargarse de razonamientos de corte filosófico. La Teoría de la Relatividad acabó provisionalmente con esto al considerar el tiempo como la cuarta dimensión. Sin embargo la Teoría de Las Cuerdas, hasta ahora física teórica, va más allá y plantea un universo de al menos once dimensiones.

Ya en 1919 Theodor Kaluza planteó la posibilidad de que hubiese físicamente más de tres dimensiones espaciales con una versión propia, pentadimensional, de la relatividad general. La razón por la que nosotros no logramos percibir más de tres de ellas, es que las dimensiones adicionales están curvadas sobre sí mismas, o así al menos intentó explicar Klein al refinar las ideas de Kaluza.

Delgadas e infinitesimales cuerdas supersimétricas se mueven en un espacio-tiempo de más de 4 dimensiones resonando con míticas vibraciones que nos impulsan hasta los confines de uno tras otro de los universos qué -como una especie de matriushka galáctica-, se perfilan hacia el futuro separados por D-branas.

Tres dimensiones son sin duda suficientes para manejarnos en este mundo sin demasiados problemas, sin embargo lo que es bueno para la vida cotidiana, resulta no ser suficientemente bueno para la física, o para los físicos empeñados en estudiar y desentrañar lo que sucede en las situaciones más extremas de nuestra imaginación. De allí su necesidad de desarrollar exuberantes modelos matemáticos que les permitan dar cuenta de sus observaciones de manera “experimental”.

La Teoría de la Relatividad entonces, ha sido capaz de señalarnos cómo el espacio y el tiempo se curvan en presencia de la materia y la energía, y la Mecánica Cuántica nos indica certeramente el poco intuitivo comportamiento de las partículas elementales, de las que en definitiva está formada toda la materia. Una, reina en el cosmos, la otra, en el mundo subatómico. Ambas son teorías estupendas, pero sólo funcionan bien cuando se las puede aplicar por separado. Al colocar juntas mecánica cuántica y relatividad se genera un cóctel de incógnitas difíciles de resolver dentro de la tetradimensionalidad.

Si una dimensión nos ata y sólo nos faculta a desplazarnos en dos direcciones -adelante o atrás-, dos de ellas dan la posibilidad física o hasta ideológica de cruzar hacia la derecha o la izquierda, tres nos permiten flotar suspendidos en un punto como un globo aerostático colgado en el aire, pero cuatro ¡nos conceden el placer de volar!, de recorrer libres a través del tiempo distancias inimaginables; pero al vencer el pavor natural, la reticencia instintiva a penetrar hacia otras múltiples dimensiones que, nos darán la desenvoltura necesaria para recorrer con osadía los espacios de Calabi-Yau, las respuestas a estos acertijos se encuentran definitivamente más allá del cuarto portal.

IIda Dimensión

Auguste Comte al legarnos su Ley de los Tres Estadios nos señaló que tanto la humanidad como cada uno de los individuos que la componen, atraviesan a lo largo de su existencia tres estadios diferentes. Cada uno de ellos se alcanza progresivamente, estos son: el teológico, el metafísico y el positivo. El teológico es ficticio, el metafísico es abstracto pero, el positivo es científico. El primero es un punto de partida necesario para la inteligencia humana; el tercero es su estadio fijo y definitivo, el segundo es simplemente una etapa de transición. Cada una de nuestras concepciones, cada rama de nuestro conocimiento, cada acción que emprenda nuestro intelecto pasa necesariamente por esos tres estadios teóricos diferentes. Comte pensaba que para el Occidente Moderno la ciencia representaría la unidad y la armonía que la fe significó para la Edad Media. Pensó en la Ciencia como nuevo polo de atracción y factor de acuerdo. Sin embargo, con el tiempo vio la necesidad de recurrir a la filosofía y a la religión para explicar su desarraigo.

A su vez, Jean Paul Sartre afirmaba que hay mundo porque hay hombre, cuando el hombre descubre lo absurdo de lo real, su esencial contingencia y gratuidad, lo invade el sentimiento de náusea como lo manifiesta a través de su personaje Antoine Roquentin (en La Náusea) que proclama: “…por definición, la existencia no es la necesidad. Existir es ‘estar ahí’, simplemente; los seres aparecen, se dejan encontrar, pero jamás se les puede deducir”… “No hay ningún ser necesario que pueda explicar la existencia: la contingencia no es una imagen falsa, una apariencia que pueda desvanecerse; es lo absoluto y, por consiguiente, la perfecta gratuidad.”

Nietzsche por su parte, enarbolaba una de las tesis más extrañas y radicales en cuanto al tiempo se refiere. Tan extraña que difícilmente la podremos encontrar en alguna de las culturas que se hayan registrado a través de la historia. Según él y su tesis del Eterno Retorno, todo va a repetirse un número infinito de veces. Pero, ¿Por qué habría de ocurrir esto, por qué ha de suceder así?: Pues, ¡sencillo!. Dado que la cantidad de energía que hay en el universo es finita y el tiempo infinito, el modo de combinarse dicha energía para dar lugar a las cosas que podemos experimentar es finito. Pero una combinación finita en un tiempo infinito está condenada a repetirse de modo infinito. Luego, todo se ha de dar no una ni muchas sino infinitas veces; en esto consiste la tesis nietzscheana del eterno retorno y ella se traduce como la expresión de la máxima reivindicación de la vida que vuelve y vuelve sin parar. Independientemente de que esta consideración sea correcta, podemos recuperar la noción de permanencia si hacemos que el propio instante dure eternamente. La existencia dejaría de ser fugacidad, sólo nacimiento, vida y muerte para convertirse en una promesa de eterno retorno.

IIIra Dimensión

En todo esto iba yo pensando y una vez “Leídos los manuscritos, fui a ver al autor, antes de escribirles un prólogo, para clarificar por medio de preguntas una objeción que me molestó durante la lectura. Antes de escribirlo, debía confirmar o suprimir una renuencia en mí…”. Así inicia uno de sus mejores escritos -Amor y terror de las palabras- José Manuel Briceño Guerrero y así, dejando a un lado las escenas de refriega de un choque entre Italia y Eslovenia que constataban “al dente” la teoría de la relatividad, abandoné los predios radioeléctricos del mundial Sud África 2010, y partí al encuentro con un personaje que -predestinado, sin duda- tenía que ser quien fabricara en dos líneas temporales narradas en paralelo, un ideario distinto plagado de ciencia y espiritualidad.

José Iraides Belandria resultó ser todo un personaje. Con el aire misterioso de un bonzo, sentado con la espalda enhiesta, enmarcado el rostro por una barba larga y vaporosa, los ojos achinados asomados por detrás de unos cristales cuadrados e intemporales y con un rictus pertinaz, me recibió cortésmente pero fue prudente al intentar conversar. Dos horas de plática bastaron para hacer migas y tender puentes hacia el terreno inexplorado de una nueva amistad.

Accedí de primera mano al imaginario del escritor; relató floridamente los pasajes más relevantes de una existencia agitada, golpeada a veces por el infortunio, acechada en oportunidades por la enfermedad. José Iraides ha sido azotado unas cuantas veces por la adversidad, pero también ha sido premiado en innumerables ocasiones con el abrazo múltiple de Lakshmi, que lo ha alejado de la tempestad y lo ha depositado sano y salvo en las arenas blanquecinas de la creación literaria.

Belandria juega entre dos aguas con sus Relatos Cuánticos. Por un lado muestra los atavíos científicos cultivados a lo largo de una vida de lógica y de demostraciones de la razón pura y por otro enarbola las creencias de una existencia profundamente espiritual. Abjura de la ciencia y sus métodos, pero apela a ella para explicar las cosas con una limpieza aséptica digna de un postulado científico de observancia universal.

Son dos trazos equidistantes que al narrarlos prosiguen, tanteándose, acariciándose apenas con la brisa del relato. Una rueca de algoritmos criptográficos que se trenzan hilvanando imaginarios futuristas que, aunque el autor tenga siempre en mente al lector no especializado, pueden resultar tóxicos a los espíritus indispuestos.

Como sucede con la mecánica cuántica y la relatividad estas dos visiones de Belandria, este par de formas de contar, cuando se rozan originan chispazos, desprenden misteriosos vapores, generan embriagadoras confidencias difíciles de eludir y de aclarar.

Para José Iraides Belandria el ser humano, él, su ego, se convierten en el centro del universo. Bien sea trocado en un punto luminoso en medio del infinito o bien transformado en un observador que mira millones de estrellas girando a su alrededor después de despejada la bruma de las incertidumbres cuánticas.

Persiste en él sin embargo la duda inquietante, la imprecisión probabilística que lo llevan a escribir “Volverán los días y las noches a culminar la efímera existencia de los seres destinados a nacer y morir en los ciclos de la vida, fugaz y breve como el parpadeo de mis ojos”.

El trasfondo infotecnológico, se vislumbra borroso y enmascarado “Al final de la senda...” en donde “…un adivino predice el futuro en una carta matemática.” La ruptura de los códigos utilizados hasta ahora por los hombres de ciencia se patentiza cuando cuenta como “Sobre las olas del mar camina un hombre luminoso y fugaz.”

“Otras veces desapareceremos sin dejar rastros…” se anima José Iraides a develar algunas de las claves encriptadas en sus líneas, pues para él “Todo lo que existe es consecuencia de las vibraciones multidimensionales de infinitas cuerdas de energía.”

La línea dinámica del tiempo como un cuchillo filoso corta trozos de recuerdo y los trae como flashes. “Bello como el encuentro fortuito, sobre una mesa de disección, de una máquina de coser y un paraguas” le escuché decir en sueños alguna vez a Isidore Lucien Ducasse Conde de Lautréamont en medio de un viento dislocado, azotado por las ráfagas contradictorias del surrealismo apremiante. Ahora resuena reciente y con cadencia de verso la voz de José Iraides al pronunciar: “Llegué a la casa antigua donde la/ efigie de un niño hace portentos/ cuando lo adoran con alegría. Su/ presencia extraordinaria/ manifiesta fulgores alquímicos/ que cubren su cara de yeso/ arcaico con hermoso color/ rosado…”

Mientras a Lautrémont lo atormentaban los fantasmas de sus perfidias, a Belandria lo alivian los acercamientos seráficos. Demonios y Ángeles luchando por los despojos de los hombres; Isidore sucumbió, José Iraides fue rescatado del resplandor fatal. Aquel se consumió en una vida de relámpago, éste luce sano y prometedor a su edad.

IVta Dimensión

Derrotado el terror a las palabras, rebusco en el recuerdo hilos conectores entre las ciencias y las artes, al menos entre las leyes elementales de la física y las creencias fundamentales de la vida que nos hacen más humanos. Encuentro un recuerdo débil, descolorido, nostálgico y lejano pero, al quitarle de encima el polvo de los años aparece radiante y cálido. Me llegan Las Palabras de Harina, en donde Andrés Eloy Blanco exclama: “Habló el filósofo:/ -Oh milagrosa luz! Oh padre/ que deshojaste colérico/ la rosa del subjetivismo!/ Oh madurez posible y útil/ de la realidad objetiva/ eficaz en el gajo de la filosofía!/ Oh válvula de esperanza/ que nos saca al camino firme/ de donde se derriba la visual/ sobre llanuras sin hipocresía!/ -Encauzamiento de lo infinito,/relatividad,/amalgama de los dos abismos/ en el estribo de la cuarta dimensión./ Captación del espacio y del tiempo/ en la convergencia de la unidad/ ¡oh milagrosa luz, oh padre!.../ De afuera/ llegaba olor de hogazas/ La boca del horno/ fue recibiendo los panes blancos/ y a fuego, retostándolos,/ dorándolos, acendrándolos./ Después los habló hacia afuera./ Al sentarse a comer el filósofo,/ una mujer con delantal de nieve/ y con una bandeja de palabras de harina,/ sobre la mesa, junto a dos silencios,/ puso el tratado de la vida simple.

El tiempo, que desde atrás resucita en remembranzas, tienta a Uróboros la serpiente de la memoria a morderse la cola, a formar el círculo perfecto, el toro elemental, pero ésta al retorcerse adolorida en sus reminiscencias, insinúa el símbolo del universo y se proyecta azul de tanto ozono por el cielo que se abre a la relatividad.

El plasma energético que se desprende de estos relatos vence la gravedad impuesta por la escritura misma y se expande constantemente, sale y se proyecta como el viento solar llenando su entorno, el orbe y mucho más remotamente, lejos del campo magnético de la Tierra, haciendo el viaje inverso, despidiendo su energía, topándose con los lectores como las aguas de un río que al golpear contra una roca, se separan y arropan la saliente mineral fluyendo a su alrededor para después indetenibles continuar.

Vta Dimensión

Como si de un Sistema se tratara, en los Relatos Cuánticos se cumplen al pié de la letra las leyes de la Termodinámica.

Al igual que en la Ley Cero, al entrar en contacto el autor, el libro y el lector -elementos A, B y C del sistema-, los tres componentes alcanzan gradualmente la temperatura del relato.
Observando la Primera Ley, el trabajo intelectual de José Iraides genera un calor que poco a poco nos abrasa.

Y finalmente al eliminar los grados de restricción impuestos al pensamiento, actúa la Segunda Ley. Se mezclan aleatoriamente la narración y los propios recuerdos como canicas rojas y amarillas vertidas abruptamente en un envase, dándole un nuevo tono más cálido y naranja, de interpretación propia al relato.

Cuánta razón tuvieron y tienen Kelvin y Planck, el resultado de la escritura de José Iraides Belandria no se consume exclusivamente en trabajo intelectual, una parte importante de ella se desprende en forma de luz.

Gracias José Iraides por obsequiarnos tus relatos e iluminarnos.

sábado, 19 de junio de 2010

¿Yes, we can?

A veces -la mayor parte del tiempo podríamos asegurar-, los mandatarios de cualquier signo, aun los más progresistas ven frustradas sus buenas, sus mejores intenciones, pues el sistema oculta detrás de un cuidado decorado, una serie de mecanismos que responden sólo a los designios de los Poderosos.
Y cuando hablamos de Poderosos lo hacemos calzándole la mayúscula en aras de enfatizar el poder que ellos atesoran. Ya no responden a grupos locales ni a países, representan intereses supranacionales, encarnan el espíritu de las Corporaciones Transnacionales.
Entonces se entiende por qué no sirven para nada los niveles de aceptación que hayan podido alcanzar los aspirantes a dirigir el destino de las Naciones, de nada valen los índices de popularidad otorgados por los pueblos a sus Presidentes. La mano negra del Poder bajo las sombras, el imperio del dinero es quien realmente establece las normas.
Más allá de los hombres, las Corporaciones Multilaterales dictan hacia dónde se tuerce el destino de los países. Así fue como Barack Obama asumió la presidencia de la Unión Americana impulsado por una consigna convertida en jingle, ¡Yes, we can! Ideada para estimularle la esperanza a una nación decepcionada, anhelante de cambios… de justicia, pero al mismo tiempo concebida para que al final no pasara nada. Es la versión publicitaria de una explosión controlada.
Aceptado por el Establishment que, desesperado, buscaba cambiarle la cara a sus desmanes, encarnados por la catástrofe viviente que significó tener a George Walker Bush al mando, impulsaron la candidatura de un líder carismático pero alejado de la imagen por antonomasia del WASP siglas inglesas para “blanco, anglosajón y protestante”, herencia eurocéntrica que domina el mundo sustentada en un aparato ideológico que infiltra todos los rincones del orbe y que convence a los desclasados de su particular pertenencia a estos grupos dominantes; que hacen exclamar a un cholo del altiplano que él es hermoso y que los que acompañan a Evo Morales son todos unos indios horrorosos, buenos para nada. Que logran sin trauma aparente que un negrito de Catia le diga mono a Chávez sin que ni el reflejo en el espejo desmienta las ínfulas de WASP que pueda albergar ese hipotético conciudadano.
Como toda religión, la ideología WASP también tiene sus profetas, expertos en todos los temas cercanos a la humanidad, salvadores “al servicio de los más altos intereses del pueblo”, ese mismo que les debe pagar sus sacrificios con sumisión, entregándoles su vocería y convirtiéndolos en sus “Representantes”; cuenta con sus sacerdotes que pontifican desde sus púlpitos mediáticos todas las mañanas, ungiendo a quienes les siguen y excomulgando y sometiendo al escarnio público a quienes osen contrariarlos. Posee además este culto sus propios pastores, muy cercanos al rebaño sensible, susceptible a ser conducido por las praderas del oprobio, sucumbiendo a la conseja de que “el fin se acerca” y que el anticristo en vez del 666 tiene una verruga en la frente.
La feligresía disociada no entiende de donde en realidad provienen los tiros y sucumbe en el fuego cruzado defendiendo a su opresor, como vimos en días recientes: Empleados de una cervecera defendiendo a quienes los han explotado a ellos como mano de obra desechable y quienes de paso los envilecen ahogándolos en el alcohol que ellos mismos fermentan.
Así pues le pasó a Obama, no más trató de cumplir algunas de las cosas que en su cancioncita pegajosa prometió impulsar. Lo bloquearon los halcones cuando trató de modificar la seguridad social de su país. Lo mismo le ocurrió con su postura ante la guerra, así le sucede con el tema de las relaciones con su patio trasero, en fin así tendrá que culminar su periodo, preso de las Corporaciones que verdaderamente manejan la economía, la política y el destino de la nación de las barras y las estrellas.
A esos mismos poderes se enfrenta diariamente el Presidente Chávez. Y sin tener que utilizar el revolucionómetro ideado por Roberto Hernández Montoya (1), fácilmente podemos esclarecer hasta qué punto está gobernando verdaderamente el Comandante.
Hablo de lo que conozco y por eso me remito a mi entorno. En donde yo vivo, el Gobernador del estado es Copeyano, en los actos públicos habla como revolucionario, pero cuando le toca proceder actúa como socialcristiano, no abandona los reflejos que cultivó durante sus años mozos en los cuales militó en las huestes de la Democracia Cristiana Universitaria. ¿Qué importaría si lo fuera, si realmente sirviera para algo?. Ahí tenemos a Roy Chaderton que jamás ha abjurado de su condición política previa a entrar a cumplirle servicios al estado Revolucionario pero, ¿Quién mejor que él ha sabido defender a Venezuela en los foros internacionales?
El Alcalde de mi ciudad, proviene también de lo más rancio del Copeyanato, ni para que detenerme a explicar que con ese no contamos. El Rector de la Universidad es Adeco y por lo tanto la dirección de la institución con más peso en la comarca responde a una política oposicionista que no mira ni mide el daño que le causa a una Casa de Estudios más que Bicentenaria.
El Decano de mi Facultad, la Directora de escuela, los Jefes de Departamento, todos sin excepción abiertamente se oponen a las políticas revolucionarias y está bien, que lo hagan, están en todo su derecho. Lo malo de esto estriba en que usan los recursos de la institución para desestabilizar, para seguir conspirando.
En todos estos años de Revolución, la Corporación de Salud y todos los directores del hospital donde trabajo -todos sin excepción-, han sido en el pasado adecos o copeyanos, algunos cumplieron como no, con sus respectivas pasantías por la izquierda, aquella de cafetines, de Unicornio Azul, de “Sólo se mojaron…”, de estudios en la Universidad Patricio Lumumba, de peregrinaciones a la Habana, en fin, la que al final del camino… se da vida de catedrático apoltronado, pero que como el buen hijo permanecen dispuestos a volver al blanco hogar del que salieron en el momento menos esperado. Restalla en el aire la conseja “Adeco es adeco hasta que se muere”. Pero pudiéramos aplicárselo también a los copeyanos. El resultado de estas gestiones, ingentes cantidades de dinero sustraído, desviado, desaparecido y los hospitales en pésimo estado. Las enfermedades presuntamente erradicadas surgiendo con fuerza por todos lados, las citas para los pacientes humildes se otorgan para el próximo año. La deuda social del sector salud en vez de disminuir aumenta y las autoridades… bien gracias, no deja de sorprendernos su descaro.
Además de la gran debilidad que poseemos en los cuadros “dirigenciales” de los estados en los que hipotéticamente manda el Proceso, disfrutamos asimismo de nuestra ración de aquello que los viejos comunistas bautizaron como lumpen revolucionario, y estos compañeritos básicos hasta el hartazgo, se convierten en “instrumento ciego de su propia destrucción”. Se transforman en “custodios” asalariados de personas que quieren hacer el negocio del siglo vendiéndole al gobierno terrenos que ellos saben no son aptos para la construcción de viviendas ni de nada, bien porque están cercanos a zonas protectoras de acuíferos, por qué están ubicadas en zonas de alto riesgo, por qué forman parte de parques nacionales, o de ABRAE’s, o bien porque sus dimensiones no dan para albergar tantas esperanzas juntas ni siquiera en superbloques. Pero los compañeritos se vuelven comparsas para ver que obtienen en ese festín de dádivas en que se ha transfigurado algo que debería haber conducido a solucionar el déficit de viviendas que como lastre, pesa sobre nuestra sociedad desde la época en que Caldera prometía construir “cien mil casitas por año”.
Intentan estos flamantes compañeritos “revolucionarios”, manifestaciones que cumplen rigurosamente con su horario -“en la mañana de 8 a 12, suspensión para ir a almorzar al comedor universitario, de 2 a 5 en la tarde por que hay que restar una hora de las 8 respectivas ya que no nos pagan cesta ticket ni ninguna clase de incentivo para quedarnos y de paso después de esa hora, se vuelve difícil agarrar camionetica para llegar a tiempo de cena al comedor”-, protestas que se suspenden el viernes sobre todo si ese día coincide con la inauguración de un mundial y que protagonizan mayoritariamente, muchachitos que se cubren puerilmente el rostro con la franelita azul celeste de tanto bachillerato.
Por fortuna Chávez cuenta con el pueblo. Y mientras ese pueblo esté a su lado, sólo por ese inmenso detalle, las esperanzas de reivindicación, de igualdad, de justicia que simboliza este Proceso no se perderán sin dar batalla. Infiltrado como está el estamento gubernamental hasta los tuétanos, rodeado por mil extraños que sólo piensan en engolosinarse con las arcas del estado, le toca sobrevivir al Presidente y salir bien librado de entre tanta ineptitud y desgano. Para ello cuenta con el Pueblo que si puede encarnar el grito solidario ¡Si, nosotros podemos!, ¡Presidente, cuente con nosotros!

sábado, 3 de abril de 2010

Manos Blancas… ¿Manos limpias?

Toda mano -por blanca que esta sea-, tiene su respectivo juego de uñas y en estos días preelectorales los querubines oposicionistas se han dado a la tarea de mostrar las suyas.

Como quien muerde la mano que los alimentó, estos cachorros de la política han desactivado el mecanismo retractil que deja al descubierto sus afiladas zarpas. Herramientas limadas por la ambición hasta dejarlas bien filosas, estas garras han ido directo a la yugular de los partidos tradicionales.

Cánidos al fin, los chicos (y algunos ya no tan jóvenes) menearon la cola hasta el momento mismo en que la sumisión se convirtió en ladrido. Las fauces antes zalameras, pasaron de lambisconas a hidrofóbicas. Ahora enseñan sus colmillos cubiertos de espesas babas.

Estos angelitos ocultaron sus apetencias tras su cara de yo no fui. Y lograron engañar a mucha gente que vivía en la creencia de que eran ellos -los Líderes Ancestrales quienes con manos férreas, como las del Benemérito-, tenían el control de las hordas opositoras. ¡Ja!

Legendarios caciques como Ramos Allup, consagrados fascistas como Álvarez Paz, proverbiales mosquitas muertas como Julio Borges, Leopoldo López o Marcel Granier, peculiares arribistas como William Echeverría o Richard Blanco, desmedidos ambiciosos como Enrique Mendoza o Andrés Velásquez quedaron todos ellos con cara de burro embarcado y sin derecho a pataleo porque los mocosos les salieron unos cuervos respondones.

Al menos Ramos Allup tuvo la decencia de esperar hasta que Alfaro estuviera decrépito, Álvarez Paz y Enrique Mendoza se aguantaron como machitos toda una vida hasta que declinara la figura de Caldera, Marcel Granier no ha podido o no ha querido zafarse de la sombra de los Phelps -eternos proveedores de empresas para quebrar-, pero estos cagaleche no bien vislumbraron lo escuálida que era la mamila del apoyo económico que les daban los partidos, se alzaron dispuestos a hacerse de ese dinero y más sin la participación de molestos intermediarios.

A los que tenían las uñas cortas, quizás roídas por el nerviosismo suduroso que precede a hablar en público sin tener nada que decir y que conduce a la onicofagia, les fueron implantadas unas de acrílico cortesía de la NED, USAID, IPYS y otras organizaciones no gubernamentales preñadas de buenas intensiones. Ellos, las lucen largas y embellecidas, acicaladas con el desparpajo cínico de quien no padece de pudor y puede incluso mostrar las nalgas.

La mano abierta se transformó en la llave para entrar por la puerta principal en el inconciente colectivo venezolano, convirtió a los estudiantes en el movimiento genuinamente “no violento” para contraponer al puño cerrado símbolo de la izquierda revolucionaria. El desprevenido observador descubre una mano blanca, impoluta que, se muestra desprovista de segundas intenciones, mientras la verdad que esconde es que esa misma blancura es la que se despeña sobre el rostro en una sonora bofetada.

“La huella de la palma de mi mano es, ante todo, un símbolo de mi individualidad. Con esa huella reivindico mi condición singular e irrepetible… Con ella digo: “¡Aquí estoy! ¡Esta es mi marca!".” (1) vocifera un blog que trata de justificar el egoísmo con el que asumen la vida estos estudiantes.

“Inocentes” herederos del pensamiento de un Notario Franquista denominado Blas Piñar -ultraderechista comprometido desde muy joven con el catolicismo político-, los brigadistas universitarios, falanges del antirégimen, no levantan la bandera de sus homónimos italianos no, nada de exclamar al viento "allí donde existe un delito debe haber alguien capaz de denunciarlo”(2) mejor que eso, justifican su propia violencia como Miguel Bernard Presidente o Secretario General de Manos Blancas no sé, quien sin sustraerse de su pasado político, transita al borde de la legalidad democrática excusando la barbarie de la ultraderecha española luego de la muerte de Franco declarando: «Objetivamente, con todos los defectos que pudiera tener Fuerza Nueva, el partido de Blas Piñar desempeñó un papel importante en la transición española. Si no hubiera existido una oposición de este tipo, llamémosle violenta, a lo mejor la transición se hubiera hecho de otra manera. Tal y como se desarrolló hubo un equilibrio de fuerzas y terminó, con los incidentes que existieran por el camino, con un texto constitucional» (3).

La mano abierta aparece con toda su carga subyacente, como la primera representación que de si mismo hiciera el ser humano. En las cuevas que albergaron los albores de los homínidos protohumanos aparecen ya las manos afirmando la presencia del conquistador propietario del rocoso inmueble. Esa misma extremidad puede también mostrar todo el desprecio que se puede llegar a sentir por otro ser humano, como en el gesto elocuente que se le escapó a George W. Bush cuando en compañía de Bill Clinton se acercó hasta los haitianos (4); toma la mano de un negro, pobre y damnificado y como si se hubiese untado de excremento, se limpia inmediatamente y sin disimulo en la manga de la camisa de un Clinton distraído -quien sabe si preocupado-, que no supo en que momento lo involucraron en una desagradable historia de rasismo y arrogancia, de discriminación y ultraje.

Cuestiones de anatomía o de interpretación y metanálisis, en definitiva todo se reduce a números y resultados. Si de anatomía se trata, mostrar los dedos de ambas manos extendidos nos incita a contar; si de instrumentos metodológicos de investigación y de procesamiento de informaciones y contenidos y su consecuente análisis estadístico hablamos, el metanálisis nos interesa para darle sabor a las cifras, a las estadísticas, a las encuestas ya por mucho tiempo desacreditadas. Hablamos entonces de integrar los hallazgos obtenidos por una serie de encuestadores individuales y de maquillarlos de tal manera que aún perdiendo nos sean favorables los resultados.

“Manos blancas son también manos limpias, y debe ser en esta última acepción que Chávez le ha declarado la guerra al símbolo que, desde que decidió instaurar su ominosa dictadura en Venezuela, viene acorralándolo”, sostiene Manuel Malaver en un escrito titulado Manos Blancas versus Manos Sucias (5) y continúa exaltando “Manos de jóvenes, de estudiantes, puras, sin callos ni maltratos y sin otra certeza que, de mantenerse quietas, inmóviles e inactivas en poco tiempo serán esposadas y llevadas a tribunales controlados por sicarios judiciales que los enviarán a cárceles o los forzarán al exilio”.

¿Esas manos blancas, en verdad son el equivalente a decir Manos Limpias?. Pudiera esconder la pintura que las cubre una serie de manchas que, a juzgar por los números que se manejan “Según el informe anual de 2009 sobre las actividades de la USAID en Venezuela, 32% de sus fondos multimillonarios han sido invertidos en grupos estudiantiles y juveniles vinculados con la oposición”(6), es decir hablamos de real parejo a disposición de unos cuantos muchachos que no les rinden cuentas a nadie. “De los 7.45 millones de dólares entregados a grupos y proyectos políticos en Venezuela durante 2009, una mayoría fueron destinados a “promover el debate político entre estudiantes para aumentar el nivel del discurso sobre algunos de los asuntos más importantes para los venezolanos”, continúa diciendo el informe, ¿Sabía usted amiga o amigo lector de la existencia de ese dinero?. El informe citado revela exclusivamente el aporte realizado por una sola ONG, de las tantas que se ha descubierto financian a los grupos estudiantiles; al igual que un iceberg, lo que sale a la superficie no es si no una mínima proporción de lo que las aguas de la “honestidad” ocultan.

De la utilización de las manos y de la coloración de las ideas pretender la exclusividad es una utopía, manos blancas las hay buenas como el Coro de las Manos Blancas que forma parte del Programa de Educación Especial del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, quien atiende a más de 700 niños a lo largo y ancho de la nación. Desde 1999 año de su fundación, cientos de jóvenes con deficiencias visuales, auditivas, motrices y/o cognitivas han sido atendidos e integrados, es decir por primera vez tomados en cuenta. Nada que ver con otras manos.

De las revoluciones y sus colores verdes, azules, naranja, la historia tiene un arco iris, pero como al invertir el efecto de pasar la luz a través de un prisma, la realidad de su unión da como resultado el blanco, y no debo recordar que este último es el tono que identifica a los adecos ¿no?.

Maurice Ravel compuso alguna vez un Concierto para la Mano Izquierda en Re Mayor, pero no creo que los oposicionistas en su amor por las palmas quieran asumirlo como propio, como un himno o una marcha triunfal. Preferirán en todo caso transmutarse, cambiar el logotipo, evolucionar, quitarle el re a la pieza y variar el enfoque, desviar el foco de atención de unas manos problemáticas y vulgarizadas por el uso, a un muy europeo y aristocrático par de nalgas peladas que pudieran interpretarse como las Nalgas Blancas o un más tropicalizado y confianzudo Los Rabipelados.

(1) http://desdelacol.blogspot.com/2007/06/el-significado-de-las-manos-blancas.html
(2)
http://www.rtve.es/noticias/20090527/manos-limpias-sindicato-ultraderechista-dirigido-por-admirador-blas-pinar/278887.shtml
(3) http://www.elmundo.es/cronica/2005/489/1109458802.html
(4)
http://www.sitiostotal.com/noticias/video-de-bush-limpiandose-la-mano-tras-saludar-a-haitianos-damnificados/
(5) http://venezuelanoticia.com/2010/02/09/manuel-malaver-manos-blancas-contra-manos-sucias/
(6)
http://www.taringa.net/posts/noticias/4641607/USAID-detr%C3%A1s-de-los-%E2%80%9CManos-Blancas%E2%80%9D-en-Venezuela.html

jueves, 27 de agosto de 2009

El Corazón de Venezuela

Realmente el corazón geográfico de nuestro país corresponde al Estado Guárico. Situado en todo el centro de la nación, con el estado Aragua clavado en su territorio como una puñalada, posee la forma abstracta de un corazón que palpita y se desangra sin ver progreso para sus coterráneos. Por él tenemos que pasar aunque sea de refilón sí pretendemos atravesar en cualquier sentido, de norte a sur, de este a oeste, o viceversa, el suelo venezolano.

Los cielos más hermosos de Venezuela son los del estado Guárico, las nubes más blancas, el azul más prístino; la puerta al llano profundo es el estado Guárico; el mejor queso llanero es el del estado Guárico; la comarca con peores vías de comunicación es sin dudas también el estado Guárico.

El estado Guárico con sus 64.968 km2 y una población tan escasa que no alcanza las setecientas mil almas aún metiendo en la cuenta al Ánima del Taguapire, es un estado productor de petróleo al que se le pichirrea hasta la más ínfima gota de brea.

De lejos se lleva el título de Líder en el Campeonato Internacional de Huecos en todas sus versiones: Carreteras, Calles, Avenidas, Calzadas, etc. Todos sus caminos sin excepción, están plagados de huecos, apolillados por la carcoma de la desidia. Y en donde no hay huecos… ¡Hay “policías acostados”!

Pareciera que los recursos para la compra de asfalto destinado a la refacción y al bacheo de las vías, se distrae en la diseminación de obstáculos (eufemísticamente denominados “reductores de velocidad”) que, con un sadismo impresionante han resuelto instalar -o permitir que su establecimiento ocurra- las autoridades del tránsito guariqueño.

Limitando con Carabobo, Aragua, Miranda, Barinas, Cojedes, Apure, Anzoátegui y Bolívar, su tierra feraz es el granero que provee de maíz, arroz, sorgo y leguminosas, de carne y de leche al grueso de la agroindustria criolla. Sin embargo le ha tocado sufrir una estirpe de gobernantes regionales que han sumido a esa entidad en el inframundo del deterioro progresivo y perpetuo.

El llanto de los guariqueños y de los que circunstancialmente tenemos que pasar por allí llena y desborda el embalse de Calabozo. Debería patentarse un adminículo que transformara las arrecheras y las mentadas de madre de los conductores en energía y, sólo gracias a la cuota energética que aportaría el estado Guárico, se acabaría el problema mundial de la contaminación del aire.

Tengo años atravesando el Guárico y con ninguno de los gobernadores de turno -del signo que estos hayan sido- he tenido suerte. No hay manera de hacer la travesía sin que alguna parte de su vehículo sufra las consecuencias de su osadía. La industria más próspera de ese estado debe ser la de los talleres para automóviles.

William Lara es sin lugar a dudas, el más leguleyo de los periodistas venezolanos; su hablar atiplado, de carácter pausado, su acento singular, marcaron la manera vernácula de hacer parlamentarismo. Con la ayuda del Presidente Chávez llegó a la Gobernación de Guárico y se esperaba mucho de él, más aún siendo éste el sucesor de Manuitt “El Destructor”.

Parado en una estación de servicio en Ortiz mientras me arreglaban un caucho que se había estropeado víctima de uno de aquellos ya legendarios boquetes, escuchaba yo la radio y conversaba con los empleados de la cauchera cerca de la media noche y en medio de una oscurana -pues para colmo de males no había electricidad por toda esa sabana-, cuando oí una voz conocida. No era la de Luís Silva ni la de Reynaldo Armas… no, ¡Era la voz de William Lara!

Hablaba el gobernador con su jerga clásica, mencionaba artículos, citaba la Ley de Tránsito, aludía al Código Penal y yo me dije: ¡Carajo, tengo que pararle bolas a Lara!

Mientras esperaba que repitieran por la radio la perorata de William, me enteré de boca de los caucheros, personas autóctonas de la zona, que al mandatario regional lo apodaban “Dos Kilómetros” y, socarronamente pregunté el por qué de semejante apodo, apresurándome a pensar que la causa venía por otro lado.

Con el cantaíto típico del hombre de llano adentro, obtuve por respuesta un: “¡Gua por qué más va’sé pariente!, ¡Por qué’se hombre na’más anuncia arreglos de carretera que no alcanzan un porción de 2 kilómetros je je je!”

Intrigado por el recuerdo de las palabras de William -hombre siempre tan enterado de las interioridades de las leyes- y, aguijoneado por la curiosidad pues esa noche por los apagones constantes no alcancé a escuchar nuevamente la bendita propaganda, no más llegar a casita me fui derechito a internet a buscar la ley de tránsito.

Ciertamente, de las palabras de Lara se desprendía que la obstaculización de las vías nacionales es un delito que puede ser sancionado con multa o prisión según lo contemplado en el Código Penal venezolano.

Y yo pensé leyendo el articulado: ¡Qué bolas tiene William!, ¡Se me acaba de escoñetar el carro pasando por su jurisdicción y el tiene las santas bolas de acusar y amenazar a las personas que pone obstáculos sobre la carretera!, ¿Es qué acaso los huecos no son obstáculos?, ¿Es qué acaso los “reductores de velocidad” no impiden el libre tránsito?

Descubrí gracias a Lara ciertas cosas que son muy interesantes. Por ejemplo, el Artículo 5 de la referida ley dice que “Es de la competencia del Poder Público Estadal… la conservación, administración y aprovechamiento de las carreteras…”; el Artículo 55 menciona que: “Las autoridades administrativas del tránsito terrestre competentes, en el ámbito de su circunscripción, quedan facultadas para remover los obstáculos… que obstaculicen el normal desarrollo de la circulación vehículos y peatones.”; y a su vez el Artículo 59 apunta textualmente que: “Los usuarios de las vías públicas de uso permanente o casual tienen derecho a circular libremente, en condiciones idóneas de transitabilidad y seguridad, y a ser resarcidos por quienes tengan la responsabilidad de administrarlos, por los daños personales y materiales imputados al mal estado de la vialidad.

Dime tú, William Lara, ¿Quién me resarcirá los daños ocasionados por la caída involuntaria e inevitable en alguno de los cráteres que con tanto esmero han ido estableciendo y/o consolidando a través de tu gestión?, ¿No eras tú el que con su vocecita inconfundible, amenazaba a través de la radio con sancionar penalmente a los ciudadanos que obstaculizaran el libre transito de vehículos o personas por las vías de tu estado?

Te recuerdo William Lara que el artículo 51 de la Ley de Tránsito reza que: “Las autoridades administrativas competentes, en el ámbito de sus respectivas circunscripciones, garantizarán que la circulación peatonal y vehicular por las vías públicas, se realice de manera fluida, conveniente, segura y sin impedimentos de ninguna especie.”, y que tú eres una “autoridad competente”.

William, dime ¡Es qué acaso tú no utilizas nunca la carretera entre Ortiz y San Juan de Los Morros?, ¿Nunca viajas tú William, entre San Juan y Villa de Cura?, ¿Qué tipo de carro usas tú William Lara que, tu fundillo no percibe los impactos tenaces que producen las decenas de “policías Acostados” esparcidos por esas vías?.

Tenías razón William Lara, en el Código Orgánico Procesal Penal como realmente se denomina el artilugio en su Capítulo II De los delitos contra la seguridad de los medios de transporte y comunicación, Artículo 357, señala que “Quien ponga obstáculos en una vía de circulación de cualquier medio de transporte, abra o cierre las comunicaciones de esas vías, haga falsas señales o realice cualquier otro acto con el objeto de preparar el peligro de un siniestro, será castigado con pena de prisión de cuatro años a ocho años.”

¿No eres tú William Lara, la autoridad competente encargada de remover obstáculos que impidan el tránsito fluido y seguro de los ciudadanos por las carreteras de tu estado?

Ve buscándote un buen abogado porque gracias a tus propios argumentos, los cuantiosos afectados por tu negligencia hoy tenemos armas con las que acusarte y leyes por la cuales serás sancionado.

Por ningún motivo puede impedirse el libre tránsito de vehículos o peatones en una vía pública. Yo sé que tú te referías en tus comentarios a los ciudadanos que aspiraban con o sin razón a manifestar, y que sin previa obtención de la autorización emanada de la autoridad competente, querían hacer uso de su derecho a manifestar, sin darse cuenta que con ello afectan, obstruyendo o impidiendo el libre tránsito de las personas y de sus vehículos. Pero esto no te exime de culpas.

La pobre Francisca Duarte -el Ánima del Taguaipire-, en su infinita bondad debería halarle las sábanas a quien le competa el mantenimiento de la vialidad a ver si resuelve algún día la “autoridad competente”, iniciar su trabajo.

miércoles, 26 de agosto de 2009

El Ruleteo

Práctica inveterada esta que, sufren muchos pacientes en Venezuela y que al parecer no se extinguirá tan fácilmente.

Heredada seguramente de la cuarta, pero con raíces profundas, tan antiguas que me atrevo a decir que son quizás, precolombinas.

Históricamente, la cosa comenzó muy mal para la salud en nuestro continente, y aún hoy padecemos de las carencias, corrupción, negligencia y abandono que se han ido acumulando a lo largo de los siglos. Desde la primera expedición de Colón para acá, se empezaron a incumplir las normas sanitarias en la misma medida en que estas aparecían y esto no ha parado de ocurrir hasta nuestros días.

En su primer viaje a nuestras tierras y por disposición de sus Majestades, el Almirante debió abandonar el Puerto de Palos incluyendo entre los miembros de su tripulación -como todas las naos que zarparan de aquel atracadero-, a tres individuos que, constituirían lo que se consideraba el personal médico imprescindible para que una expedición marítima estuviera en regla.

Un médico, un físico -el equivalente a un cirujano actual- y un herbolario -es decir, un farmacéutico- integraban el trío que debería asegurarse de preservar la salud de los tripulantes de aquellas embarcaciones.

Sin embargo, y hasta donde he podido llegar con mis lecturas, de los tres sólo el físico acudió a la histórica travesía, estrenándose en sus labores quirúrgicas en Puerto Flechado, nombre muy apropiado con el que bautizaron los barbudos invasores a la caleta hoy conocida como Chichiriviche, en donde fueron recibidos los expedicionarios con una lluvia de flechas, lo que motivó el curioso y oportuno nombrecillo.

Tan mala era la situación sanitaria en aquel tiempo de expediciones (pues nadie con formación y renombre, se quería arriesgar a emprender viaje en compañía de semejante caterva compuesta de una mixtura explosiva de atorrantes, rufianes, mercenarios, forajidos y facinerosos) que, las autoridades españolas no en muy pocas oportunidades, acudieron al reclutamiento forzoso de gitanas y adivinadoras a quienes embarcaron en contra de su voluntad, para suplir la falta de médicos. Uno de los nombres de aquellas (literalmente) encantadoras damas que en este momento recuerdo (estoy fuera de casa y acudo a la siempre frágil memoria) es el de “La Fundimenta”, mujer por demás atravesada quien, para evitar las agresiones físicas y los abusos sexuales de parte de sus compañeros conquistadores, los amenazaba con embrujarlos si osaban meterse con ella.

Cuenta el historiador Pedro Archila que la formación del piache o moján, además de ser excesivamente exigente física e intelectualmente, era sumamente costosa, y el aprendiz debía cancelar por adelantado ciertos emolumentos a su instructor, para que este lo aceptara y le cediera sus conocimientos acerca de las enfermedades y las curas ceremonias y conjuros que debería aprender para combatirlas y así consagrarse como curandero.

Pese a la precariedad que podríamos suponer tenían los conocimientos médicos aborígenes, más fue lo que los españoles aprendieron de estos que viceversa. El maletín del herbolario se colmó de nuevos remedios y, en muchas de las incursiones hacia el interior de las Indias Occidentales, la única fuente confiable de atención sanitaria con la que contaron los exploradores españoles, fue con la presencia de un curandero indígena.

Bien, con esos inicios es fácil comprender lo valioso que ha sido un médico desde siempre para los habitantes de la zona tórrida.

La escasez de profesionales de la medicina se vio suplida desde entonces cubriendo las vacantes con médicos extranjeros y aceptando la presencia de charlatanes, curiosos y falsos facultativos que, hacían del intrusismo médico su modo de vida. Las poblaciones interioranas quedaron siempre, deficientes con el reparto y desde aquellos tiempos el peregrinaje hacia la Metrópoli en busca de salud se convirtió en requisito “de vida o muerte”.

La pugna por contar con galenos que cubrieran las plazas vacantes en las ciudades del interior, llevó a la rápida aparición en nuestras tierras del protomedicato y a la formación de la Universidad de Caracas y a la constitución del Seminario de San Buenaventura en la Mérida serrana, germen este último de la Universidad de Los Andes.

Con el advenimiento del petróleo, contingentes humanos cuya esperanza de vida no rebasaba los 35 años, se animaron a viajar a las ciudades dando origen a los groseros cinturones de miseria que hoy vemos con asombro. Estas personas carentes de recursos para procurarse una buena atención médica con sus propios medios, ha dependido desde siempre de la magnanimidad del Estado para resolver sus apremiantes problemas de salud.

Estos ciudadanos, empujados por la desesperación y victimas de su propia ignorancia, han dejado hasta lo que no tienen al pie de los altares que rinden tributo a los dioses del olimpo médico. Los templos erigidos en nombre de Asclepios acá en el trópico, tienen nombres de clínicas privadas, son sitios en donde usted no es bien recibido si no cuenta con suficiente dinero.

Luego de cubrir el ingreso a las universidades públicas nacionales con los integrantes de una casta médica con raigambre y abolengo, las vacantes que quedaron fueron asignadas a los hijos de vecina que soñaron con seguir los pasos del centauro Quirón. Vaya criterio de selección.

Malo malo. Producto de este vicioso enfoque educativo, la mayoría de las personitas que vestían batas blancas y no eran hijos o familiares de médicos, tuvieron en sus cabecitas una sola aspiración: ganar el dinero suficiente para no regresar jamás a aquella vida que ya no era la de ellos, así sus padres, su familia, sus amigos permanecieran aún allá en el bario, allá en la pata del cerro.

Consecuencia de todo esto: al egresar como flamantes galenos, los soñadores de otrora jamás regresaron a donde más se les necesitaba, es decir a sus comunidades y obviamente, para obtener el dinero que les hiciera adquirir las cosas que, la misma sociedad les indica son inherentes a su investidura -de semidiós o semidiosa según sea el caso que nos ocupe-, comenzaron a engrosar las nóminas médicas de las grandes clínicas.

Jamás volvieron a ser los de antes.

Recuerdo alguna oportunidad cuando en el siglo pasado nos ocupábamos en resolver los problemas de los pacientes que acudían a consulta en algún hospital de provincia y tuve que refrescarle la memoria a alguno de los directivos de la hoy agonizante Federación Médica Venezolana que nos visitaba diciéndole que, si en los hospitales en ese momento no había equipos con qué trabajar era por que ellos se los habían llevado antes para sus clínicas, porque a nosotros, a los médicos de nuestra generación, nos había tocado llevar nuestro propio tensiómetro, nuestro propio estetoscopio, ¡Nuestro propio termómetro!, para poder atender a quien nos tocara socorrer.

Es prácticamente incompatible en la actualidad el ejercicio de la medicina pública y la privada al unísono. Los niveles de corrupción, el mal ejemplo han permeado tan dramáticamente la conciencia de los galenos que, han dado origen a términos ignominiosos como el de ruleteo, carreteo, acarreo, enfriamiento, etc.

Ruleteo, es la acción de rebotar indefinidamente a un paciente de centro en centro asistencial hasta que este desiste de ese servicio y acude a una clínica privada por su cuenta y riesgo. Carreteo, es la incitación por parte de algún especialista hacia el paciente para que lo busque en su clínica en donde si le puede resolver su problema de salud inmediatamente. Acarreo es el acto que ejecuta algún médico general o residente en contubernio con un especialista para trasladar a un paciente desde un centro público hacia uno privado con la finalidad de operarlo, siendo aquel -el médico bisoño- el ayudante en el procedimiento quirúrgico. El enfriamiento, es la práctica mediante la cual el médico que recibe al paciente en el instituto público “enfría” el padecimiento del paciente mientras el especialista que debe atenderlo, trabaja en el medio privado, son conductas que se repiten a diario en nuestros hospitales por que nadie quiere ponerle la cascabel al gato.

Por más chavista que declare ser el director de turno de cualquiera de nuestros hospitales, teme proceder contra el médico que incumple con sus obligaciones. Una red de compadrazgos, sumada a un entramado de complicidades, entierran bajo toneladas de favores la moral del funcionario, a quien de paso le recuerdan día tras día que, cuando salga del cargo va a volver a estar a merced de los infractores que generalmente son “vacas sagradas”.

Por estas circunstancias el apelativo de Revolucionario -confirmado por el tiempo y por su comportamiento alejado de los principios socialistas-, les queda realmente ajeno, lejano, grande e inconveniente a estos señores directivos que han pasado hasta el momento por los diversos hospitales que conozco.

Estas consideraciones pueden ayudar a quien le competa, a aclarar el origen del flagelo que hoy le quita el sueño al señor Presidente. Y al Presidente mismo también le pudiera interesar esculcar en estas notas ya que siempre ha manifestado su apego por el recuerdo y la indagación en nuestros orígenes.

He allí algunas claves acerca de nuestros vicios.