miércoles, 27 de octubre de 2010

Amistades Peligrosas

¡Qué tiempos aquellos, los de la Coordinadora Simón Bolívar!, el 23 de Enero era en ese entonces más que una parroquia un pueblo del oeste, sin ley y sin alguacil. No era nada fácil vivir en esas tierras. Lidiar con la falta de agua, sorteando montañas de basura, esquivando las gargantas abiertas en las esquinas por la falta de alcantarillas, evitando las troneras de las calles, eludiendo obstáculos por las aceras carcomidas, escapando de las balas.

Dentro del monstruo, en las entrañas de los súperbloques, sus humildes habitantes debían batallar a diario con la falta de ascensores -descompuestos desde hacía ya muchos años-, luchar contra la ausencia de luz en los pasillos -porque se rompían, se quemaban o se robaban los bombillos-, bregar con el pago de peaje para poder subir por las escaleras, siendo asaltados por carajitos con el cerebro fundido de tanto meterse bazuco.

Delincuencia sonaba como una palabra hueca, vacía de sentido después de mirar el 23 de Enero a través de los ojos de los noticieros.

Muchachos con cara de barrio devenidos en malhechores, vendedores de droga a los que no alcanza la ley, prostitutas de edad mínima, niños probando su dureza a punta de pistola, borrachos durmiendo la mona en una acera curtida, pringada de grasa de motor. Estos rostros podrían haber sido de vecinos, hijos, hermanos, o madres de cualquiera de los sufridos moradores de la efímera y pérezjimenista Urbanización 2 de Diciembre.

Esa fue la realidad del 23 de Enero hasta la aparición de los Tupamaros. ¡Ya no más!

Los miles de hombres, mujeres y niños que, desde muy temprano por la mañana, abandonan los megabloques para ir a engrosar las enormes colas que se hacen frente a las paradas de autobús, para instantes después desaparecer bajo tierra en las entrañas del metro, podían estar tranquilos.

El accionar Tupamaro dio la oportunidad a los vecinos de apropiarse de sus espacios, de recuperar las zonas destinadas inicialmente al esparcimiento ciudadano, a la recreación de los niños, arrebatados -quién sabe en qué momento- por la delincuencia.

Especie de Llaneros Solitarios sin caballo, los Tupas acabaron con la delincuencia, con la venta y distribución de drogas, con las bandas juveniles. Ya la gente no teme salir de sus casas aún durante la noche. Gracias a estos paladines de la justicia el 23 de Enero es otra cosa.

Y así mismo pasó en Mérida -para ser exactos con la geografía-, en las Residencias Estudiantiles Br. Domingo Salazar, urbanización que gracias a la franquicia Tupamara dejó atrás su pasado delictivo para convertirse en “una tacita de plata”. Desde que aparecieron los Tupas, ya no más venta de drogas, ya no más prostitución, ya no más blimblineo… ¡cero malandraje en las Domingo!

"El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio, si puedes simular eso, lo has conseguido" jugueteaba Groucho Marx con la ironía. La misma manera de pensar pero cargada de cinismo parece guiar a los “camaradas” Tupamaros guardianes autoimpuestos de las Domingo Salazar.

En la avenida que les pasa por el frente a estas residencias estudiantiles colocaron un reductor de velocidad –antes denominados policías acostados-, que es un monumento al sarcasmo. A nadie han atropellado allí, nadie ha fallecido arrollado, no hay escuelas cercanas pero ahí lo instalaron, mientras en Domingo Salazar la lista de asesinados es extensa y sin embargo no han construido una barrera segura para detener este largo inventario de homicidios no aclarados.

Los compañeritos Tupamaros se han encargado de hacer de estas residencias estudiantiles un pequeño paraíso. Su labor incluye el secuestro y posterior quema de unidades de trasporte público o propiedad de la universidad en donde dicen estudiar, la destrucción de un ambulatorio que existía dentro del conjunto (que les prestaba servicio a los estudiantes a sus hijos, a sus familiares y a los vecinos de las barriadas aledañas), el destrozo de mobiliario citadino tal como semáforos, cercas perimetrales etc., el cobro de rescate a particulares a los que previamente han despojado de sus automóviles durante las manifestaciones, el ataque a transeúntes mandando a algunos de estos derecho al hospital, la protección de las mafias de vendedores y traficantes de drogas que aprovechan el status de dependencia universitaria que le otorga autonomía a estos edificios para efectuar impunemente su despreciable negocio , y otra serie de hazañas que engloba el resguardo de proxenetas, chulos, delincuentes y prostitutas.

No todos los que viven en las Residencias estudiantiles son así, es más el porcentaje de desadaptados me atrevería a sostener que es mínimo, pero por ser tan violentos, su agresividad inhibe de actuar a los buenos del rebaño. Con un promedio de edad cercano a los 35 años y con una permanencia dentro del subsistema de educación superior que ronda los 15 años para culminar carreras que duran 6, los números demuestran el talante académico de los compañeritos que se resguardan en esta villa estudiantil amedrentando a quienes realmente desean educarse, aterrorizando a quienes se muestran reacios a permitir los desmanes que ejercen estos facinerosos contra la comunidad merideña.

Dudo que haya alguien entre los universitarios que esté de acuerdo con el homicidio, ningún ser humano en su sano juicio puede disfrutar con el asesinato de dos personas, pero quien a hierro mata no puede fallecer a sombrerazos. De los dos dirigentes Tupamaros asesinados en esa especie de vendetta desatada luego de los últimos sucesos violentos acaecidos en las afueras del Ciclo Básico Universitario de Los Chorros uno de ellos -según informaron por la prensa las autoridades policiales- además de haber sido policía en el pasado reciente, era solicitado acusado de homicidio por lo que ustedes me dirán.

El juego perverso en el que caen estos estudiantes “revolucionarios” guiados por el primitivismo de su pensamiento, le hace el juego a la derecha enquistada en la universidad venezolana y cada vez que se quiere iniciar una escalada de protestas que perjudique al gobierno, estos compañeritos en una especie de mecanismo de acción y reacción, responden a la instigación alterando el orden público con reclamos egoístas y simplones.

Mientras las protestas estudiantiles que llevan a cabo los estudiantes franceses tienen como norte el bienestar de los ancianos, la disminución del precio de los combustibles, mejoras en las pensiones de los jubilados, nuestros “desprendidos” estudiantes ensayaban la quema de camiones para que les dieran cargos fijos a un grupito de ellos que quieren ingresar a la nómina universitaria.

¿Qué es lo que piensan estos caballeritos, al colocarse una capucha y salir a quemar carros diciendo que apoyan este proceso de cambios?, sus actos -más vandálicos que reivindicativos-, atentan contra ellos mismos pues destruyen bienes de la universidad que les podrían servir para mejorar su educación, pero también afectan a la colectividad emeritense granjeándose enemistades entre los que padecen sin remedio el caos generado.

¿Será que estos grupúsculos están infiltrados por individuos que, para malponer al gobierno desatan esta vorágine de violencia absurda y descontrolada?

¿Por qué el Gobierno Regional que pareciera poseer vasos comunicantes con los cabecillas propulsores de los disturbios no interviene a favor de la paz y trata de resolver las cuitas que trasnochan a estos extraños camaradas?

Quedan en el ambiente espesas nubes de interrogantes acerca de las conductas asumidas por unos y por otros ante estos inquietantes espectáculos, por el gobierno regional, por las fuerzas del orden publico de este estado, por las autoridades universitarias, por los dirigentes estudiantiles que dicen estar de este lado, surge un coctel de preguntas que se extiende como un manto.

No queremos que ese manto cumpla el papel de mortaja. A los camaradas aludidos que sentados debajo del árbol de las tres raíces descansan luego de sus gloriosas jornadas, a los que como que no les gusta mucho escuchar lo que pensamos del conflicto los sufridos ciudadanos, les conminamos: siéntense reposados a hilvanar en cuatro líneas y con una pizca de sindéresis el por qué de su andar atravesado.

Cuando logren explicar el leitmotiv de sus andanzas dejarán de ser vistos como amistades peligrosas.

“Quiero creer que la gente tiene un instinto por la libertad, que quieren controlar sus vidas de verdad. No quieren que les presionen, que les manden, que les opriman, etc., y quieren una oportunidad para hacer cosas que tengan sentido. No sé cómo probar esto. En realidad es más una esperanza de que las personas son así, de que si las estructuras sociales cambian lo suficiente, esos aspectos de la naturaleza humana saldrán a la luz” eso lo dijo Noam Chomsky. Que malo que el ruido de los morteros, de las bombas lacrimógenas, de las ráfagas de disparos, de los insultos, de los improperios, de las acusaciones mutuas hasta ahora no nos hayan dejado escuchar.

lunes, 25 de octubre de 2010

Malas Compañias

“No quiero ver a ninguno de mis hijos con malas juntas”
Mi Mamá.


Desde mucho antes de que accediera por la vía democrática a su primer periodo de gobierno, el Presidente Chávez ha tomado una serie de riesgos y ha puesto en peligro su prestigio asociándose con una sarta de grupúsculos difíciles de definir y aceptando la cercanía de una retahíla de personeros de laboriosa categorización.

La imagen romántica que precedía a esos grupos “insurgentes”, el aura de heroicidad que acompañaba a aquellos “mártires”, fabricados ex profeso por los tormentos que les infligió la represión cuartarepublicana, “próceres” llevados de la mano por verdaderos esbirros entrenados en la Escuela de las Américas.

Torturas, extorsiones, ejecuciones sumarias de no tan lejana data, resonaban todavía entre las sienes de muchos de los seguidores de Chávez, esto surtió efecto de mea culpa y los colaboradores más cercanos al paisano de Sabaneta hicieron una especie de Lobby para presentar a aquellos camaradas con el recién estrenado presidente.

El tiempo que todo lo demuestra, el poder que todo lo pervierte y el dinero que todo lo corrompe se encargaron del resto. Ante la vista de la mazorca del ejecutivo desgranándose por el peso del ingreso petrolero, el cuervo de la ambición llevó a unos cuantos a picotear las cuentas a su cargo y rápidamente por prevaricadores perdieron el favor del presidente.

Otros se atragantaron con el poder y se creyeron Maquiavelo tropicalizado. No hubo sacramento que se respetara, no hubo juramento que valiera, no hubo amistad que se honrara, no hubo compromiso que se enalteciera.

Poco a poco el trapiche de la historia fue deshaciéndose del bagazo humano quedando sólo el guarapo con el que cuajar el papelón de este proceso. Pero ha costado esfuerzo, tiempo y dinero. Ha costado la desesperanza, la desconfianza del pueblo.

Pero aquellas malas compañías, atractivas por ser personas que se atrevieron a intentar lo prohibido en algún histórico momento, aquellas de imagen romántica que despertaban admiración, que provocaban emociones grandilocuentes, terminaron mal, muy mal, se empeñaron en caminar sobre la cuerda floja y se cayeron. Han finalizado sus carreras sirviendo de comparsa a sus torturadores, haciendo de chambelanes de quienes los desprecian.

Lo mismo que con las personas ocurrió con las agrupaciones políticas que se comprometieron con el presidente. Llámense PODEMOS, PPT, UPV, etc, al pretender hacerse del poder en su propio beneficio y no en aras de un proyecto -político, social y económico- que busca el beneficio del pueblo, murieron en el intento.

El comportamiento de estos ambiciosos operadores políticos ha hecho merma en la confianza del pueblo hacia el gobierno. Se sostiene el apoyo al presidente Chávez pero sucumbe la fe de la gente en su gobierno.

El movimiento local Tupamaro es el vivo ejemplo de ello. Este grupo entra en la categoría en donde se amalgaman el Ratoncito Pérez, el Ánima Sola, el Silbón o la Bola de fuego, todos hablan de ellos, la gente dice que existen pero nadie los ha visto.

Los integrantes de esta organización se han ido introduciendo en la burocracia del estado, reclutan gente necesitada de un carguito para poder vivir, los colocan de porteros, aseadores o en cualquier otro oficio menor y de esta manera se aseguran fidelidades y un crecimiento que, aunque sutil resulta inusitado. No se han arraigado ni en el 23 de Enero de sus raíces pero ahora tiene sucursales en todos los estados en donde la burocracia del Estado los amamante.

Sin embargo, como me lo recuerda mi madre esgrimiendo un refrán: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Estos grupos de desadaptados y anárquicos que ahora pululan en torno a la gestión de nuestro gobierno, más temprano que tarde terminan mordiendo la mano que los alimenta. Tratar de someterlos es como tener a un rottweiler amarrado con hilo pábilo.

Revolcándose en sus cenizas debe estar el alma de José Gabriel Condorcanqui Noguera alias Túpac Amaru II inspirador de los movimientos emancipadores indigenistas de toda la América, pero que ha servido también para que cuatro loquitos de carretera se crean los generadores de la Yihad Latinoamericana.

A simple vista parece una crueldad querer desembarazarse de estos camaradas tupamaros -que tal vez sólo desprenden en su accionar lo básico de su pensamiento-, pero si usted escucha noticias del estado Mérida se dará cuenta del por qué de lo que estamos sugiriendo.

Los compañeritos tupamaros por querer acceder a unos cargos de vigilantes mantienen en zozobra a toda la colectividad emeritense, atentan contra la integridad de las personas, destruyen los bienes de la institución que les educa y a la que quieren ingresar como empleados, violentan la propiedad de humildes trabajadores, delinquen abiertamente, principalmente afectando a los más débiles. Pretenden dominar a través del terror y no se dan cuenta del flaco favor que con su conducta le hacen al gobierno y al proceso revolucionario que este encarna.

Si fuesen adolescentes de carácter lábil, conflictuados y descontentos consigo mismos y con su entorno, les tendríamos condescendencia pero tomando en cuenta la edad que se desprende de las caras de quienes se dicen sus dirigentes, nos sentimos víctimas de unos audaces señores encaprichados.

Podríamos aventurar un diagnóstico para esa conducta antisocial pues esta es sin lugar a dudas, el resultado de individuos provenientes de hogares deshechos, con una falta absoluta de continencia familiar, producto de abandonos, de pérdidas tempranas, de historias de abusos y privaciones que agregan prontuario a sus antecedentes personales.

“El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre que sabe adónde va” decía Antoine de Saint-Exupéry, pero en este caso el mundo se aparta al ver aparecer a los compañeritos porque en definitiva ni ellos saben cómo van a responder ni para donde quieren ir.

Deshacerse de las malas juntas es de sabios.